Antes de proceder a aplicar las conclusiones de lo aquí visto a nuestro presente debemos, empero, precisar dos cuestiones que nos parecen básicas. Una resumir muy rápidamente la líneas gruesas de la concepción marxista del desarrollo personal y otra, partiendo de ahí, dilucidar también con brevedad cómo el acto libre requiere una serie de condiciones objetivas y subjetivas para serlo realmente. Sin ellas el desarrollo personal es imposible, quedando reducido a una mera obediencia de los imperativos que nacen en el proceso de mercantilización del sujeto. Las duras condiciones estructurales que padece Euskal Herria nos obligan a rastrear hasta las profundidades históricas el anclaje de las cadenas totales que imposibilitan la realización de las libertades y potencialidades en nuestro pueblo. Sólo así podremos sentar las bases para exponer algunas ideas sobre el tema que tratamos en cuatro problemas decisivos de la praxis humana: la supervivencia física y el hambre; la autonomía personal y colectiva; la sexualidad y la política del cuerpo y, la muerte y el sentido de la vida.
El criterio nuclear de Marx sobre las trabas históricas que determinan y a la vez potencian en medio de una dialéctica unidad de contrarios, las relaciones personales y el desarrollo individual-colectivo, radica en la historicidad no teleológica ni finalista en sentido aristotélico del surgimiento de la división del trabajo, de la propiedad privada que emerge de esa división del trabajo y de la producción masiva de mercancía que de ambas nace. Engels enriquece el esquema introduciendo la división sexual del trabajo anterior a su división clasista. En el propio Marx están dados los basamentos suficientes para integrar la división nacional del trabajo dentro de su división global. La tragedia de Héctor, el héroe que Homero inmortaliza en la Ilíada, condenado a la derrota y la muerte a pesar de su razón, sólo es comprensible en base al poder explicativo del criterio marxista; también la miseria moral y la derrota ética de Cristo al implorar al Padre que le libre del tormento. Y si ascendemos de lo mitológico a lo histórico, vemos que también sólo ese criterio explica el sino de los Graco, Spartacus y tantos otros revolucionarios. Marx asume la decisión ¿prometeica? de apoyar a las/os revolucionarias cuando, contra las fuerzas ciegas, pretenden tomar el cielo al asalto. Invirtiendo ideológicamente el tema, la derrota de la razón revolucionaria se rebaja a pecado religioso cuando el ser humano se hiergue contra dios, se hace Lucifer y es castigado a ángel caído en el infierno. Esta inversión ideológica, alienada y alienante, es el argumento último de la inevitablidad de la deshumanización pues aunque el perdón aparente rehabilitar a la especie, de hecho, le ata y aliena aún más, como los arrepentidos exabertzales están más hundidos aún ante el Estado opresor que antes.
Hemos puesto con interrogantes lo de la decisión prometeica porque en realidad la praxis revolucionaria es la superación material de Prometeo, condenado por Zeus por haber entregado el fuego a los humanos tras robarlo a los dioses. Prometeo no pudo liberarse a sí mismo, sino que fue liberado de sus cadenas por Hércules. Aquí radica la diferencia entre la libertad prometeica y la libertad revolucionaria. Una dependiente; independiente la otra. La peculiaridad del salto entre ambas está expuesta por Marx en sus "XI tesis sobre Feuerbach". Dioses o Hércules, Estado "democrático" o Partido, son desde la perspectiva de la crítica a Feuerbach, simples mediadores del humano con respecto a sí mismo: el recorrido de su deambular perdido e inconsciente entre su humanidad parcial y su parcial libertad. Ahora bien, ¿puede existir la libertad dependiente y parcial? No. Sólo existe en cuanto ficción. La libertad pasa de ficción a realidad en tanto se materializa la consciencia de sus necesidades. De esta forma, Marx supera vía Hegel a Kant poniendo el dedo en la llaga: si la libertad es consciencia práctica de la necesidad ¿qué otra cosa sino la praxis puede asegurarnos su realización?. Llegamos así al punto clave del tema que debatimos: si la praxis es la garantía de la libertad y consiguientemente del desarrollo pleno del individuo en la colectividad, ¿cual es la opción global, ontológica y epistemológica, normativa y valorativa, científica y ética del ser humano con respecto de sí y de los demás?.
K. Kosik nos ofrece una pista resolutiva básica: la dialéctica. En su texto "Dialéctica de la moral y moral de la dialéctica" leemos que el proceso dialéctico tiene tres aspectos fundamentales: uno, destruye lo pseudoconcreto disolviendo todas las formas fijadas y divinizadas, sean materiales o espirituales, revelándolas como prácticas humanas; dos, destapa las contradicciones de todas las cosas, aireándolas a la intemperie, y tres, expresa el movimiento permanente de la práctica humana que no es algo estático e inmóvil. Abbagnano muestra en su texto "Cuatro conceptos de dialéctica", como entre Platón, Aristóteles, los estoicos y Hegel hay una identidad genérica según la cual la dialéctica es el proceso en el que surge un adversario al que combatir o una tesis a la que confutar y que, por tanto, presupone dos protagonistas o dos tesis en lucha; o también que la dialéctica es el proceso resultante de la lucha o del contraste entre dos principios, o dos momentos o dos actividades. J.P.Dupuy en "Orden, desorden y autoorganización" enseña que no existe el orden puro ni la estabilidad total, manteniéndose siempre una pugna entre orden y desorden de la que nace, mediante la autoorganización que siempre es transitoria, otra fase del conflicto entre desorden y orden. Obviando la conexión de la dialéctica tal cual ha aparecido en la historia con el avance en el conocimiento de la interrelación entre caos y orden, azar y necesidad, contingencia y legalidad, -¿debemos citar a Prigoguin, Havemann, Balandier, Pilipenko y otros?- podemos concluir con el brillante texto de G.Bocchi y M.Ceruti "El sentido de la historia" en que se señalan la importancia de la toma de dirección en el momento de cruce de caminos inherentes a toda crisis de bi o polifurcación, cuando la complejidad de perspectivas potenciales de evolución exige la opción por una de ellas.
La libertad humana y la materialización de las capacidades omnilaterales implícitas en nuestra especie, que es una especie abierta o si se quiere, en términos del J. Zeleny escritor de "Dialéctica y conocimiento", un ser-proceso, sólo es posible en y mediante las decisiones prácticas ejercidas dentro de los procesos, al interior de sus contradicciones y siempre, ello es fundamental, optando consciente y fundadamente. Al comienzo de esta intervención nos hemos referido de pasada a Confucio y Lao Tse para indicar como la preocupación por la dialéctica del desarrollo colectivo-individual estaba presente desde los albores del pensamiento humano. Aunque nos hemos mantenido premeditadamente dentro del marco occidental, vamos ahora a realizar una muy pequeña excursión al pensamiento chino pues en él también está presente la concepción dialéctica de la opción expuesta arriba, aunque Abbagnano no tuviera a bien hacer ninguna referencia a ella. En lengua china crisis también se refiere a la dialéctica entre opción y riesgo, entre elección y peligro. En su caligrafía, para escribir la palabra crisis hay que utilizar un símbolo doble: momento de elección en situación de peligro. En realidad, este pensamiento no se diferencia en nada substancial del aristotélico, aunque sí del de Marx, que lo supera y profundiza. No podemos extendernos al respecto, pero tiene razón J.F. Tezanos en "Alienación, dialéctica y libertad" cuando desarrolla la otra parte del pensamiento marxista al respecto, la de la necesidad consciente y práctica de lucha contra la "libertad burguesa" como el otro componente central de Marx.
Porque optar, lo que se dice optar, puede hacerlo cualquier persona en esos momentos. ¿Dice ello que toda persona, que todo sujeto que decide por una vía entre varias posibles en un momento de polifurcación, es automáticamente libre? No. Tenemos que volver ahora a lo anteriormente analizado sobre la falsa conciencia necesaria y, en general, sobre toda la tesis marxista de desalienación: se es libre en la medida en que la vía tomada va en el sentido de la superación histórica de la mercancía y del valor de cambio, acelera la superación de la propiedad privada y construye las condiciones materiales para la extinción de la división sexual, clasista y etnonacional del trabajo, Pero ¿puede el ser humano optante saber qué, por qué, para qué y cómo debe optar? Marx es contundente en la respuesta: sí. Radicalmente sí. Mas es un conocimiento que exige la incertidumbre, que lleva en sí la incerteza que nace de su dialéctica misma. Una verdad que siempre es concreta y que siempre debe preguntarse a sí misma sobre su veracidad, sus errores y su capacidad para seguir siendo válida en un mundo en permanente cambio. Una verdad que lleva por compañera a la duda y a la autocrítica. Recordemos a Marx cuando dijo aquello de 'De omnibus dubitandum'.
10. La subjetividad revolucionaria como requisito de objetividad científica.